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Esta
es una breve semblanza histórica del Seminario Diocesano
de Tijuana, así como una presentación de la dinámica
que en él se vive, de sus áreas de formación
y de los frutos que ha entregado a la Iglesia que desde su fundación.
Es
particularmente un gusto hablarte en este sitio sobre el Seminario,
para que conozcas la historia y valores lo logros y la presencia
de nuestra Institución, el alma mater de nuestra Iglesia
diocesana . De este modo deseo que al leer estas líneas aprecies
a nuestro bello Seminario, al tiempo que penetras en su vida íntima
y en la de sus seminaristas.
Mucho
se ha dicho sobre los Seminarios, hay mucho consignado por escrito
y otro tanto en la mente y corazón de hombres que aman al
Seminario. Pues bien, sobre el Seminario Diocesano de Tijuana hay
una historia ciertamente escrita y otra que permanece en la mente
y corazón de todos aquellos que han formado parte de él,
hablo de sacerdotes, maestros, seminaristas (muchos de ellos ahora
sacerdotes), de religiosas, de generosos bienhechores y tantos colaboradores.
Me
referí a lo anterior para señalarte que la historia,
condensada y simplificada, que se presenta aquí es sólo
parte de esa amplia y valiosa historia en la que hemos ido caminando,
por tanto, mucho de lo que no hay en libros y que no se dice aquí
esta presente en la experiencia de tantos que han vivido en esta
comunidad y contribuido a la formación sacerdotal de los
seminaristas.
El
Concilio Vaticano II, en su Decreto “Optatam Totius”,
se refiere al Seminario como “corazón de la diócesis”,
dada la importancia de promover las vocaciones sacerdotales, en
configurar a semejanza de Cristo a los candidatos al sacerdocio
y formarlos para ser pastores de la Iglesia. En este contexto, hablar
Seminario es hablar de una comunidad de jóvenes cristianos
bajo la guía de sacerdotes formadores y del Obispo, que ocupan
un espacio material, además, es hablar, como dice nuestro
Papa Benedicto XVI, de un “tiempo privilegiado” en la
vida del discípulo de Cristo, en el cual se va configurando
con su maestro en el interior de una comunidad. |
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| Origenes
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El
Seminario Diocesano de Tijuana, que en sus orígenes llevó
por nombre Seminario Misional de la Paz, surge como fruto de un
proceso de maduración cristiana, tras una labor titánica
de evangelización realizada por misioneros como Kino, Salvatierra
en estas tierras inhóspitas y
hostiles para quienes la quisieron conquistar por la fuerza de
las armas pero dadivosas en su acogida al Evangelio. Después
de la intensa labor misionera y pastoral de los jesuitas, franciscanos
y dominicos, se consolida la conquista evangélica en la
península con los misioneros del Espíritu Santo,
siendo en esta etapa cuando en 1940 Mons. Felipe Torres Hurtado
funda el Seminario Misional de Ntra. Señora de la Paz en
la ciudad de Ensenada.
 El
celo apostólico de Monseñor Felipe Torres hizo nacer
el entonces llamado Seminario Misional de Nuestra Señora
de la Paz, en los comienzos mismos del Vicariato Apostólico
de Baja California, el 8 de diciembre de 1940 en la ciudad de Ensenada.
El mismo Mons. Torres explica en aquel entonces el motivo de su
decisión a todos los Sres. Obispos de México: “En
una audiencia que me concedió S.S. el Papa al enviarme como
representante suyo a este vicariato apostólico,
me recomendó que trabajara por la erección de un seminario
en la Baja California, como solución única al grave
problema de escasez de clero que ha afligido a estas regiones…”
Y después añadía: “Tenemos la pretensión
y la esperanza de que en nuestro Seminario se dé una instrucción
no inferior a la que se da en otros seminarios del país”.
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| Etapas
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En
la historia del Seminario, cuyo desarrollo coincide con el devenir
de la Iglesia en la Baja California, podemos señalar las
siguientes etapas principales:
La
primera corresponde al ministerio de monseñor Felipe Torres
Hurtado y abarca desde su fundación hasta el año de
1948.
“Nació
el Seminario como nació Jesús: un pesebre, silencio,
desconocimiento; pero parecíame a mí que los ángeles
cantaban como cantaban en Belén: Gloria a Dios en las alturas
y paz a los hombres de buena voluntad” decía Mons.
Torres. El primer cuerpo de superiores quedó constituido
de la siguiente manera: rector: Mons. Felipe Torres Hurtado; vicerrector:
P. Modesto Sánchez;
prefecto de estudios y director espiritual: P. Gregorio Alfaro;
maestros: Máximo García, Antonio Domínguez
y Jesús Valverde. A menos de un año de su apertura,
el Seminario fue cerrado por orden del gobernador del estado, Gral.
Sánchez Taboada. Muy pronto, sin embargo, habría de
abrirse por los buenos oficios de su intrépido fundador.
En el año de 1946, el Seminario es trasladado, junto con
la sede del Vicariato Apostólico, a la ciudad de Tijuana,
quedando situado en lo que es actualmente el Seminario Mayor, en
la calle Décima y Ocampo.
1.
Durante esta primera etapa de la vida del Seminario, fungieron como
vicerrectores: monseñor Modesto Sánchez M. (1940-1941),
el R. P. Luís Manuel Guzmán, M.Sp.S (1941-1942), el
R. P. Anselmo de la Fuente, M.Sp.S. (1942-1943), el R. P. Gregorio
Alfaro, M.Sp.S. (1943-1945) y el R. P. José de Jesús
Oviedo (1945-1948). Fueron ordenados 9 sacerdotes, que venidos de
distintos seminarios de México, terminaron sus estudios en
esta institución y colaboraron activamente como maestros
y prefectos del Seminario Menor.
2.
El segundo período de la vida del seminario comprende del
año 1949
a 1964. El Excmo. Sr. obispo don Alfredo Galindo Mendoza, nuevo
vicario apostólico de la Baja California, confía la
dirección del Seminario a la congregación de los padres
Misioneros del Espíritu Santo. Rectores del seminario de
este período fueron: R. P. Joaquín Madrigal, M.Sp.S.
(1949-1950), R. P. Rafael Marco, M.Sp.S. (1950-1952), R. P. Víctor
Tena, M.Sp.S. (1953-1954), R. P. Ángel Mota, M.Sp.S. (1955-1959),
R. P. Pedro Vera, M.Sp.S. (1959-1960) y el R. P. Juan M. Gutiérrez,
M.Sp.S. (1961-1964).
El
12 de diciembre de 1955 quedó inaugurado el Seminario Mayor,
situado al oriente de la ciudad, en la falda del Cerro Colorado.
Los P. Misioneros del Espíritu Santo, a cuyo cuidado estuvo
el seminario durante 16 años, dejaron entre nosotros la huella
del carisma de su fundador y prepararon la formación de las
futuras diócesis de Tijuana y Mexicali.

3.
El tercer período se inicia en el año de 1964, en
que fue erigida la Diócesis de Tijuana, siendo el mismo Excmo.
Sr. Dr. Don Alfredo Galindo y Mendoza el padre y el primer obispo
de esta Iglesia particular.
La
formación de los aspirantes al sacerdocio en esta etapa es
encomendada al clero diocesano. El seminario toma el nombre con
que actualmente se le conoce: Seminario Diocesano de Tijuana.
Han
fungido como rectores el Sr. Pbro. Francisco Javier Esparza D.,
el Sr. Pbro. Miguel Valdés S., el Sr. Pbro. Lic. Sergio de
la Cerda Z., el Sr. Pbro. Dr. Arturo de la Torre L., el Sr. Pbro.
Rafael Magaña C., el Sr. Pbro. Lic. Salvador Cisneros G.,
el Sr. Pbro. Francisco Javier Jaime y actualmente el P. Antonio
Placencia.
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| Obispos
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Mons.
Alfredo Galindo Mendoza, el pastor de la caridad exquisita
y del amor incondicional hacia el Seminario, formó con los
alumnos una verdadera familia. Durante su ministerio pastoral, el
seminario asume, junto con su fisonomía diocesana, el impulso
renovador del Concilio Vaticano II; estos cambios profundos le permitieron,
no sin los problemas y las crisis inherentes a todo crecimiento,
definir su identidad de seminario diocesano.
Mons.
Juan Jesús Posadas, segundo obispo de Tijuana y
después arzobispo de Guadalajara, eximio maestro y atento
guía de esta institución, consolidó la organización
del Seminario; reforzó el equipo de formadores, y reacondicionó
las instalaciones del edificio del Cerro Colorado. En el año
de 1971, por petición del Sr. obispo D. Miguel González
Ibarra, los alumnos de la diócesis de Ciudad Obregón
se integran a nuestro seminario.
Mons.
Emilio Berlie Belaunzarán,
cuya labor se ha caracterizado por un decidido impulso a la vida
del Seminario, ha sido el dinámico constructor de una nueva
fisonomía de esta institución. Durante este período,
se han integrado los alumnos de Mexicali y de La Paz. Se ha transformado
este antiguo edificio; fortalecido el equipo de padres formadores;
promovido la especialización de los maestros. En este periodo
el Seminario cumplió el servicio de formar a los sacerdotes
de cuatro diócesis del noroeste de México.
Mons.
Rafael Romo Muñoz, es el actual obispo de nuestra
diócesis y se ha sentido responsable de la formación
integral de los seminaristas, colocando una calificada planta de
formadores y de maestros que acompañan al candidato al sacerdocio.
En este período han surgido significativos cambios en el
seminario, como el funcionamiento del Seminario Menor, una renovación
en las instalaciones de la Institución, atención a
seminaristas de La Paz, B.C.S., de algunas diócesis extranjeras
y últimamente la incorporación a la facultad de filosofía
de algunos seminaristas de la diócesis de Obregón.
La
historia de nuestro seminario ha quedado, de esta manera, profundamente
ligada al devenir de las iglesias particulares de la Baja California
y de la región noroeste de México. Se considera, igualmente
como la más antigua institución de estudios superiores
de nuestra ciudad. Es el alma mater y la fuente vivificadora de
nuestros presbiterios. Manifiesta, por otra parte, el esfuerzo de
actualización de la Iglesia Universal en la formación
de sus sacerdotes y se encuentra, también con ella, en la
búsqueda de una mejor pedagogía de la vida sacerdotal
y del presbiterio diocesano.
VER
GALERIA HISTORICA
Fuentes:
PP Cruz Martínez Nicolás; Durán Durán
Jesús; García Martínez Máximo; Reyes
Alanís Eduardo, 50 años de historia del Seminario
Diocesano de Tijuana: 1940-1990. Seminario Diocesano de Tijuana,
Tijuana B.C., 1991.
Vaticano II, Documentos Conciliares, “Optatam Totius”,
Ediciones Paulinas, México DF, 1992.
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