Lectio Brevis

Ya es tradición que el seminario lleve a cabo la exposición magisterial o lección breve (lectio brevis) con que se inaugura el año académico

El Seminario Diocesano de Tijuana convocó al claustro de maestros y estudiantes (seminaristas y religiosos), formadores de los distintos institutos religiosos, padres de familia, amigos y bienhechores de esta casa de formación sacerdotal, la tarde especial del día lunes 16 de agosto en punto de las 17:00hrs. El Patio Central fue el marco en donde se llevó a cabo la Lectio Brevis, que es una ceremonia académica que tiene como propósito significar el acto de inauguración del ciclo escolar.

Ya es tradición que el seminario lleve a cabo la exposición magisterial o lección breve (lectio brevis) con que se inaugura el año académico, es una invitación a la comunidad universitaria para reflexionar en torno a un tema de interés actual desde su especificidad distintiva.

Este año, el recién egresado de esta institución y ahora diácono, Christian Cales Roque compartió en un ambiente de reflexión, contemplación la disertación del tema:

«La Filosofía como sierva de la Teología en nuestro hoy formativo de cara al Sacerdocio Diocesano»

Nos honró con su presencia nuestro Excmo. Sr. Arz. Dn. Francisco Moreno Barrón, en este importante evento. Contamos también con la participación del Vicario General, Pbro. Lic. Israel Ángeles Gil, con el Rector del Seminario, el Pbro. Lic. Guillermo Avilés Victorio, así como el Equipo Formador que quedó conformado para este ciclo escolar 2021-2022 por:

-El Pbro. Francisco Javier Martínez Santeabais, Ecónomo General.
-Pbro. Lic. Mario Nicolás Villanueva Arellano, Director Espiritual de la facultad de teología del Seminario Mayor.
-Pbro. Lic. Benjamín Bello Leyva, Director Espiritual de la facultad de filosofía del Seminario Mayor.
-Pbro. Lic. Juan Luis Cisneros Espinoza, Prefecto de Disciplina del Seminario Mayor y encargado dimensión del área humana.
-Pbro. Lic. Joaquín López González, Secretario de Estudios del Seminario Mayor.
-Pbro. José Ramón González Ponce, Vicerrector.
-Pbro. Lic. Cesar López Barrera, Encargado del Curso Introductorio y sub director del Colegio Javier Esparza.
-Pbro. Rodrigo Salinas Rosales, Director Espiritual del Seminario Menor y Curso introductorio.
-Diác. Humberto Carbajal Alonso: Prefecto de disciplina y apoyo del área humana del semanario menor.

El entusiasmo de los profesores por el inicio de clases fue notorio a pesar de la pandemia por la COVID- 19 que estamos padeciendo, han sabido llevar adelante la formación académica en la modalidad “en línea”, con responsabilidad y empeño. La presencia entre nosotros de los padres y madres de estos jóvenes ha sido muy valiosa, a ellos expresamos nuestro agradecimiento por su asistencia y por la alegre donación de sus hijos a Dios. También contamos con la presencia de las Hna. Oblatas de Santa Martha, que son un testimonio vivo del amor de Dios, y un signo visible de oblación generosa y de amor por las vocaciones y el ministerio sacerdotal.

Nos acompañaron algunos formadores y estudiantes de las distintas casas y comunidades religiosas que forman parte de esta diócesis: Oblatos de María Inmaculada, Misioneros del Espíritu Santo, Escuelas Pías, Misioneros de la Cruz, Misioneros de Jesús y de María y Monjes Adoradores Perpetuos del Smo. Sacramento, gracias por la confianza que nos brindan en la formación del área intelectual de sus formandos.

Este año se integraron a nuestra casa de formación Seminario Diocesano de Tijuana, el seminario de Ensenada. En esta apertura del ciclo académico contamos con la presencia del Pbro. Marco Antonio Castro Lomelí, de la Diócesis de Ensenada, quien es el responsable directo del Seminario de dicha diócesis.

Después de la presentación de los invitados, nuestro querido Rector Pbro. Lic. Guillermo Avilés Victorio, dio formal inicio a este evento académico y cultural dirigiéndonos unas palabras de bienvenida, e invocando la presencia y auxilio del Espíritu Santo, es el Protagonista de este Evento, el gran artífice de nuestras vidas.

El Seminario Diocesano de Tijuana a 80 años de haberlo fundado Mons. Felipe Torres Hurtado - de Feliz Memoria- continua con la labor de la formación sacerdotal tan necesaria y esencial en la vida de la Iglesia. Este ciclo escolar 2021-2022 quedó conformado por:

-El claustro de estudiantes: 84 estudiantes, tanto internos como externos para el Seminario Mayor, incluyendo el curso introductorio.
-El Seminario Menor: 21 seminaristas.
-El Curso Introductorio: 16 estudiantes de los cuales 13 son internos, 12 para la diócesis de Tijuana y 1 para la diócesis de Ensenada. 3 hnos. Religiosos.
-La Facultad de Filosofía: 30 estudiantes, de los cuales 22 son internos, 19 para la diócesis de Tijuana y 3 para la diócesis de Ensenada. 8 hnos. religiosos.
-La Facultad de Teología: 38 estudiantes, de los cuales 32 son internos, 28 para la diócesis de Tijuana y 4 para la diócesis de Ensenada. 6 hnos. religiosos.
-En general, los Hnos. Religiosos: 17 estudiantes.
-El claustro de maestros: 60 docentes en total para el Seminario Menor como Mayor. 48 docentes para el seminario Mayor: 28 sacerdotes 3 diáconos y 9 laicos. 12 docentes para el seminario menor: 3 presbíteros, 1 diacono y 8 laicos.

Gracias maestros por ser personas claves en la formación académica. Con la Lectio Brevis, concluimos este evento cultural; posteriormente nos dispusimos a participar en la Celebración Eucarística, presidida por nuestro Arz. Dn. Francisco Moreno Barrón. El Santuario de Ntra. Señora del Sagrado Corazón fue testigo una vez más del cierre de la jornada cayendo la tarde, agradecidos porque el Seminario Diocesano de Tijuana inició un nuevo año de formación en tiempos adversos pero esperanzadores.


Quizás alguna vez nos hemos preguntado:

¿Por qué se ha establecido la formación intelectual y académica como una de las prioridades de la tarea formativa en nuestros Seminarios?

La formación intelectual y académica que se imparte en nuestro Seminario tiene por objetivo contribuir a madurar la capacidad humana y reflexiva de los seminaristas, como base y ayuda indispensable para poder acoger y comprender el dinamismo de la Fe en su dimensión Teológica y Teologal, y expresarla adecuadamente en su vida, de manera que los ayude a discernir su opción sacerdotal y a vivirla con gozo, afrontando los retos que implica el donarse al servicio al Pueblo de Dios, sin dejar de configurarse con Cristo, quien nos ha llamado «…para estar con Él y para enviarnos a predicar» (Mc 3,14).

El estudio académico es un trabajo constante en el que hay que entrar con espíritu de sacrificio y entrega. No se puede plantear como una actividad más, pues si el estudio personal que el seminarista debe hacer después de cada clase se hace de manera superficial, al vapor, y se retoma con intensidad sólo en tiempo de exámenes para rellenar el expediente1, distará mucho de ser una actitud sincera y de respuesta a la propia vocación. Dicha actitud, sostenida en el tiempo, no podrá forjar en el seminarista el espíritu de entrega y sacrificio que forjó la vida de Jesús, y que es esencial en toda motivación sacerdotal, corriendo el riesgo de convertir la propia vida en un ‘pequeño internet’, que ‘corta y pega’ actitudes, viviendo del ‘me gusta’ o ‘no me gusta’ del vaivén personal. En este contexto «la libertad se vive como un asentimiento ciego a las fuerzas instintivas y a la voluntad de poder del individuo».2 El constante ejercicio de reflexión y el discernimiento que aprendemos en el aula, nos puede prevenir de este escollo tan común en nuestra sociedad consumista.

Así, la aparente disociación, o incluso el desencanto que pudiera resultar del cambio de etapa de la Filosofía a la Teología, podemos resolverla positivamente cuando clarificamos y comprendemos el porqué de su continuidad y su verdadero significado. Pero hay algo más.

La Filosofía y la Teología tienen necesarios puntos de confluencia. Pero santo Tomás afirma, como lo hemos escuchado, que la Filosofía es “sierva de la Teología”. Todos los conocimientos que vamos adquiriendo en el estudio filosófico, alcanzan en la fe teológica y teologal la categoría de saberes vivientes, porque la fe penetra en los conocimientos, y va purificando como brasa su precariedad, y así descubrimos su sentido. Esta fe nos permite y exige descender hasta el fondo de nosotros mismos, donde Dios concierta el encuentro, en la raíz más íntima del silencio, donde coincidimos todos los hombres, por diferentes que parezcamos, en la superficie del ambiente, donde se engendra la filiación común,3 y donde se fragua el balbucear reflexivo que la expresa.

Este descender, siempre en activo, nos salva de caer en dos extremos que pudieran afectar anticipadamente nuestro anhelo sacerdotal:

El repliegue intelectualista que ve el sacerdocio como un trampolín para adquirir reconocimientos académicos y pretender ser aplaudido por ello, haciendo del ministerio sacerdotal un mero ‘carrerismo clerical’ que pierde de vista el gozo y la frescura del llamado inicial y que incapacita para la escucha paciente y la donación gratuita -propias del ministerio sacerdotal- hacia quienes no están ‘al mismo nivel que nosotros’.

O bien, el diluir la vida en un activismo frenético que relativiza todo esfuerzo y compromiso académico, comunitario y orante, so pretexto pastoral y que, a la larga, no logra la madurez y el equilibrio personal, esenciales para afrontar adecuadamente las delicadas decisiones y actuares que conlleva todo ministerio pastoral.

Pero la fe no es producto de nuestra inteligencia. Es un don. Dios nos lo ha regalado al ser bautizados. Por tanto, «Dios, cuando ofrece la fe, no nos da lo que le sobra en migajas de misericordia, nos da de sí mismo lo que necesitamos, no para ser menos hombres de lo que podemos ser sin ella, sino para ser todo lo que podemos ser y debemos ser, una vez que Cristo es también hombre».4

Por ello, en la búsqueda de Dios, alimentada con la oración, los sacramentos y la preocupación por los demás, nuestra inteligencia será gradualmente transformada, y nuestro ser, se irá completando y plenificando; nuestra capacidad reflexiva adquirirá Sabiduría y piedad, prudencia y acierto, dones del Espíritu de Dios, y nuestra libertad humana estará unida a la de Dios, como el sarmiento a la vid, para transparentar su amor a través de la misericordia y la compasión.

Que Dios nos conceda esta gracia.

Pbro. Joaquín López González
Secretario de Estudios.

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